Hemos pasado del cotilleo callejero al de hélite, ahora utilizamos internet, la última sofisticación del comadreo.
¿Por qué nos preocupa tanto la vida íntima de nuestros vecinos?
¿Cómo es posible que afirmemos tan categoricamente que éste o aquel se ha liado con el otro o la otra?
Y aunque lo que escribiésemos fuera cierto ¿por qué tenemos que airearlo a los cuatro vientos, y encima emitir un juicio de valor sorprendiéndonos de una determinada actitud?
Lo más triste es que al difundir un chismorreo
... (ver texto completo)