La sensación que tenía era extraña, inaudita y espantosa. Eran cerca de las cinco de la tarde, sin embargo Sara no distinguía nada, estaba en un largo sueño, de miedo y confusión. La única manera de salir de ese trance era despertar, salir de ese
pasadizo infructuoso en el que se encontraba; pero la situación imposibilitaba ese triunfo, ese escarceo laberíntico en el que se hallaba interna. Sin embargo, esa sensación desagradable y tétrica sólo duro unos minutos, el tiempo que tardaron en reanimarla
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