En nuestro callejeo, nos encontramos con la
plaza del mentiero, ahora toda restaurada y embellecida, no como yo la recuerdo. Arañada por esa perpetua
agua de
lluvia que año tras año, aliada con la gravedad, buscaba ese
rio que sabia que tenia cerca. Era una plaza de
color ocre, donde se fundia la orografia con lo urbano. Las construcciones se habian adaptado al terreno. Aqui y alla podiamos ver como florecian trozos de cuarcita, pizarra ablandada y arcilla.