¡ Y que salto ¡ Nos trasladaron a las escuelas de abajo. Teniamos un gran patio. Las clases eran amplias, los pupitres individuales ( los estrenamos este año). En uno de los laterales, unos grandes ventanales nos suministraban una intensa luz. Nos daba aire fresco en primavera y nos protegia del gélido frio en invierno con sus cierres hermeticos. Nuestro maestro, de. Pedro, imponia un respeto casi militar. Con voz grave y pausada, intentaba sacar lo mejor de nosotros. Siempre me maravillo su casi ... (ver texto completo)