Lo que más recuerdo de la
Semana Santa, pues fuí monaguillo, eran aquellas confesiones de mayores, que se hacian muy temprano. No sé el motivo, seguramente era por no interrumpìr las faenas del
campo. Eran casi obligatorias, se veia mal, a aquel que no participaba en ellas.
Tambien recuerdo que tapabamos a los
santos con un velo o cortina morada y no se descubrian hasta el domingo de Resurrección.
El sonido de la matraca y el silencio de las
campanas. El otro artilugio de hacer ruido, con la rueda
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