GUIJO DE SANTA BARBARA: Cuando se explican las cosas se entienden... Todo...

Cuando se explican las cosas se entienden...
Todo en esta vida tiene una explicación y muchas veces más de una, el problema es que ha de estar uno alerta para descubrir si las cosas suceden porque sí o porque hay alguien provocando el que sucedan.
El derecho se basa en la buena fe y la justicia tarda en asegurarse de ello antes de sentenciar. Los actos se cometen de buena o de mala fe y por ello serán susceptibles de ser juzgados.
Lamentablemente el pueblo suele adelantarse a la justicia en la apreciación de las cosas porque convive con ellas, el pueblo es sabio porque padece las consecuencias y tarde o temprano sabe quien ha actuado mal o de mala fe que es peor, la justicia tarda pero si se demuestra y se corrobora lo que sea es implacable con las leyes de un Estado de Derecho en la mano.
La conducta irresponsable y vergonzante de la derecha de toda la vida de este País que no es otra, ha creado un código de conducta repugnante que se resume en la difamación, el insulto y la mentira. Normalmente, los mayores difamadores resultan ser los principales estafadores.
Hay consigna de extender esa conducta municipio a municipio de nuestro País, siendo perfectamente conscientes de que ello conlleva a otro enfrentamiento entre las personas del mismo pueblo incluso entre las familias. Este comportamiento no es original, ya fue practicado en tiempos pasados provocando un millón de muertos y cuarenta años de dictadura. La derecha no sabe perder.
Hay quien su única ideología es amarrarse al sillón que calientan sus posaderas pasando por encima de quien haga falta, para ello es capaz de ir hasta contra la ley, de perder la cabeza.
Asiste el pueblo estos días a un bochornoso espectáculo provocado por las dos tendencias, la del código de conducta de la derecha y la de amarrarse al sillón “caiga quien caiga” y como en esta vida el que la hace la paga, la caída ha empezado por el que la ha liado, suele pasar...
Pero no es la caída el tema más relevante, lo más preocupante es la huella que todo esto deja en la convivencia de las personas de nuestro pueblo y el ambiente de crispación creado a conciencia que vamos a ver cuanto tarda en disiparse.
Los odios y los rencores son como telones espesos que impiden que uno vea si no su propio ombligo. Es más saludable el “buen rollo” que la “mala leche”, es mejor sonreír cuando saludas que mirar para otro lado porque se te cae la cara de vergüenza del mal que estas haciendo.

La mala fe es como un boomerang, cuanto mas fuerte lo lanzas, antes te vuelve.

Tanto ruido no nos deja escuchar al cuco que hace días nos anuncia su presencia.