A las trampantojas, con amor:
Cuando Juliancito, ex de Marbella, no se había hecho jienense de talego y lucía la melena de la pantoja enseñando dientes, proclamó, sin sonrojo alguno, y con el cinto atrincherado en el sobaquillo: "A mí, lo que más me pone de la política municipal es que parezco el niño la bola, tengo el mundo en mis manos, y autoridad y salero para pasarme por el ojo del puente de la entrepierna los planes urbanísticos, las normas subsidiarias, las memorias y proyectos de obras, los informes desfavorables, las zonas verdes, las superficies mínimas para construir hotelitos, y todas esas mamarrachadas medioambientales". Todo un carácter. Así le luce ahora el pelo en la trena.
A buen entendedor.
Cuando Juliancito, ex de Marbella, no se había hecho jienense de talego y lucía la melena de la pantoja enseñando dientes, proclamó, sin sonrojo alguno, y con el cinto atrincherado en el sobaquillo: "A mí, lo que más me pone de la política municipal es que parezco el niño la bola, tengo el mundo en mis manos, y autoridad y salero para pasarme por el ojo del puente de la entrepierna los planes urbanísticos, las normas subsidiarias, las memorias y proyectos de obras, los informes desfavorables, las zonas verdes, las superficies mínimas para construir hotelitos, y todas esas mamarrachadas medioambientales". Todo un carácter. Así le luce ahora el pelo en la trena.
A buen entendedor.