Recorrí las
calles del
pueblo con mis zancos de encina. Otras veces eran botes vacíos atados con cuerdas los que cruzaban los regatos que formaba la
lluvia. Cuando la
laguna que se formaba junto a
la era del Duque se cubría con un
manto de carámbano...¡cuánto disfrutábamos con nuestros zancos! A veces, de tanto pasar, se abría un agujero negro que se tragaba alguna pierna, con calcetín largo y liga negra que sujetaba junto a la rodilla. Usábamos calzonas con culeras, y tirantes. El tirador colgado
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