Meterse con la gestión de los que gobiernan sin conocer la realidad de lo que se dice es fácil y denota lo ruín que es el ser humano.
Esto le sucederá a cualquiera que se meta en esa responsabilidad. A los de antes, a los de ahora y a los que vengan, que no os quepa la menor duda.
Deberiamos de ser más cautos y más honestos en nuestras conversaciones.
Vale la crítica objetiva y el intercambio de pareceres.
Vale el control y la preocupación por el gasto.
No vale la difamación ni la mentira.
No medimos el alcance familiar de las falsas acusaciones.
No hay derecho meter a uno en el Ayuntamiento para ponerlo a parir.
Te equivocas, pues rectificas. Metiste a uno y te equivocaste, pues cambialo a la próxima convocatoria.
¿Es necesaria tanta crispación y tanta mirada de reojo?
Decia, creo, Ortega y Gasset, algo así como:
No es esto, señores, no es esto.
Saludos.
El canto del cuco.
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