"...Y aprendiendo a alegrarnos mejor, es como mejor nos olvidamos de perjudicar a los demás y de inventar daños". Así habló un sabio, al que no se le escapaba que el que insulta es el dolor (en sus distintas variedades: despecho, rabia, ira, humillacion...), por ello al que insulta, al que quiere hacer daño, no habría que hacia él odio, sino compasión; porque el odio, como el amor, es autofago (es decir, se alimenta de sí mismo), y la mejor manera de combatirlo es despreciarlo. Y la mejor manera
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