Se trata de recuperar una antigua tradición. Se cuenta que en las noches de luna llena, las brujas cañameranas se reunian en el la brujera del mirador para realizar sus ritos, uno de ellos era la ceremonia de las calabazas. Las colocaban en el dolmen para que las inundara con su fuerza la luna, decían que esta luz las conferia poderes mágicos y las hacía potadoras de buena suerte.