Para aquellos tiempos, era un recinto escolar muy completo. Los viejos álamos nos daban sombra y juego. Unos hermosos "arreates" nos deleitaban con sus hermosas flores. Un gran nogal nos mostraba su imponente copa que cobijaba los servicios de chicos y chicas. El viejo pozo estaba inutilizado, quizas por el peligro que que entrañaba. Teniamos leñeras para las estufas, cocina y comedor donde comian "los del transporte escolar". Pero esto duro poco, al siguiente año, otra vez para arriba, a la escuela ... (ver texto completo)