Nos acercamos a la Iglesia, dejando a la deteriorada Ermita a nuestra izquierda. Nos sentimos minúsculos ante tan imponente construcción en un lugar tan pequeño. Vemos una obra austera, condenada a la perpetuidad por su sensación de solidez. Lineas rectas por doquier. Amplios contrafuertes Románicos. Timidas ventanas diseminadas por sus muros. Dos puertas claveteadas, con rusticos porticos, acentuan su recogimiento. Una tercera puerta, en la base de la torre, coronada por un arco ojival que supuestamente ... (ver texto completo)