Pero, comente a Africa, en esos tiempos, para nosotros el verdadero juego era recorrer los terrenos alrededor del pueblo. Cargados con nuestros tirachinas nos creimos los reyes de los diferentes lugares. Conociamos cada arbol, arbusto, camino, atajo, cancho. Teniamos localizado el nido que año tras año nos suministraba huevos de bellas formas. Los gorriones, ranas, culebras, lagartos, todos muy abundantes, eran acerrimos enemigos; Objetivos corrientes de nuestras piedras ó flechas que salian de nuestros rudimentaris armas. Dependiendo de la estación, nuestra merienda estaba garantizada; sabiamos donde lograr la cereza, el melocoton, la almendra, la uva, la nuez, la ciruela. Al atardecer, nuestros saqueos eran controlados pues solo cogiamos lo que necesitabamos. Nuestra adrelalina subia muchos enteros cuando eramos sorprendidos por el dueño o por "tio Agapito".