Buenísima gente ese. matrimonio, E. P. D., cuando los más humildes necesitábamos comida y no había posibles, ahí estaba la Aurora, siempre con una sonrisa y dispuestos a ayudarte sin exigirte pagar hasta que no te fuera posible, confiaban en los pobres en la confianza de que estos etan los más honrados pa pagar, los banqueros actuales deberían de aprender eso: los pobres siempre pagan si tienen trabajo. Te dejo andrea, questoy en Aranjuez y no tengo ordena, besos.
Me cuesta escribir, Andrea, recuerdo la caja de tabla redonda llena de de sardinas arenques impregnadas de sal gorda, las bacalás colgadas en la pated, el papel destraza, las jícaras de chocolate nogueroles, y, sobre todo, la sonrisa de la Aurora, un beso pa ella que ya nostá. Y otro patí desde Aranjuez donde me toca dormir esta noche casi primaveral.