Soy hombre: nada de lo que es humano me es indiferente.
Nadie abandona el cargo de presidente con el mismo prestigio y respeto que le llevo ahí.
El hombre es un lobo para el hombre.
El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan.
La confidencia corrompe la amistad: el mucho contacto la consume; el respeto la conserva.
Es fácil temer, pero penoso; respetar es difícil, pero más dulce.
El hombre, desde que nace
hasta que muere,
es una máquina de
romper juguetes.
El sufrir merece respeto, el someterse es despreciable.
El hombre es más razonador
que razonable.
La responsabilidad acrecienta el respeto que uno siente por si mismo.
Lo mismo que un río,
el hombre es cambio
y permanencia.
Ser humano significa sentirse inferior.
Un hombre nulo es algo horrible. Pero hay otra cosa peor: un hombre anulado.
La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo.
La ciencia humana consiste más en destruir errores que en descubrir verdades.
En los ojos del joven, arde la llama;
en los del viejo, brilla la luz.
Soy hombre: nada de lo que es humano me es indiferente.
El hombre es un lobo para el hombre.
El hombre llega novato a cada edad
de la vida; cada edad tiene
su aprendizaje.
El hombre, desde que nace
hasta que muere,
es una máquina de
romper juguetes.
La madurez es aquella edad en que
uno ya no se deja engañar por sí mismo.
El hombre es más razonador
que razonable.
El consejo que la presteza
en la ejecución hace seguro,
lo hace frecuentemente
temerario la tardanza.
El hombre es un animal
sociable que destesta
a sus semejantes.