En esta noche mágica de San Juan, cuando está arreciando un chaparrón de tormenta aquí en el sur de Madrid, me vienen a la memoria otras noches de San Juan cuando éramos tan chiquininos que aquella hoguera que se hacía frente a la iglesia -la de San Juan Bautista por cierto- me parecía inmensa: era una parva de leña que se prendía por tós laos y ardía rechinante para regocijo de toda la chiquillería. Los más atrevidos en seguida comenzaban a “voleársela” dando saltos desproporcionados para su edad; ... (ver texto completo)