SAN PEDRO DE MERIDA: La diligencia es la madre de la buena fortuna.

La campana no suena si el badajo no la golpea.

La carne sobre el hueso relumbra como un espejo.

La casa no es un barco.

La cerilla tiene cabeza pero no tiene corazón.

La comida reposada, y la cena paseada.

La corneta, lo mismo toca a diana que retreta.

La cuenta de la cena, no es la que nos llena.

La dama más impoluta, si se descuida se vuelve puta.

La diligencia es la madre de la buena fortuna.
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
La elocuencia vacía es como el ciprés; que es grande y alto pero no produce frutos.