SAN PEDRO DE MERIDA: En casa del alboguero, todos son albogueros.

El que quiere azul celeste, que le cueste.

El que ríe mucho, es tenido por insensato, y el que no ríe es de casta de gato.

El que se afloja se aflige.

El que se coma la carne que se coma también el hueso.

El que se hace de mieles, las moscas se lo comen.

El que siembra espinas que no espere cosechar flores.

El que tarde trilla, la lluvia le pilla.

El que tiene a un juez como acusador, necesita a Dios como abogado.

El que tiene las lagrimas hondas, que empiece llorar temprano.

El que tiene tienda que la atienda y sino que la venda.

El que trabajando se hizo rico, vivió pobre y murió rico.

El que vale para trasnochar no vale para madrugar.

El que vive en la montaña, piensa que tiene algo y no tiene nada.

El rico no pierde sino el alma, y las hijas de los pobres.

El saber no ocupa lugar, pero sí espacio en disco.

El silencio hiere más, que la palabra procaz.

El sol siempre reluce.

El tiempo es el heraldo de la verdad.

El tiempo y la marea, ni se paran ni esperan.

El trabajo es bendito; por eso ni se toca.

El trigo en la panera, y el vino en la bodega.

El vino es un traidor: primero es amigo y después, enemigo.

El vivo se embriaga; y el pendejo paga.

En 13 y martes, ni te cases ni te embarques.

En Agosto, prepara la tinaja para el mosto.

En arca de avariento, el diablo yace dentro.

En cabeza loca, ni se tiene, ni dura, ni para cosa.

En calma el mar no creas, por sereno que lo veas.

En casa del alboguero, todos son albogueros.
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
En casa del herrero, nunca falta un palo.