No ser de proceder anómalo.
El hombre prudente siempre fue el mismo en todas sus buenas cualidades, que esto habla bien de su inteligencia.
El hombre prudente siempre fue el mismo en todas sus buenas cualidades, que esto habla bien de su inteligencia.
Prevenir los rumores.
La muchedumbre tiene muchas cabezas, y por eso muchos ojos para la malicia y muchas lenguas para el descrédito.
A veces corre por ella un rumor que afea la mejor reputación y si se convierte en una extendida burla acabará con el renombre.
Con frecuencia nace por algún error notorio, por ridículos defectos que son materia adecuada a las murmuraciones.
El hombre prudente debe evitar estos descréditos oponiendo sus dotes de observación a la insolencia vulgar.
Es más fácil prevenir que remediar.
La muchedumbre tiene muchas cabezas, y por eso muchos ojos para la malicia y muchas lenguas para el descrédito.
A veces corre por ella un rumor que afea la mejor reputación y si se convierte en una extendida burla acabará con el renombre.
Con frecuencia nace por algún error notorio, por ridículos defectos que son materia adecuada a las murmuraciones.
El hombre prudente debe evitar estos descréditos oponiendo sus dotes de observación a la insolencia vulgar.
Es más fácil prevenir que remediar.
La mitad del mundo se rie de la otra mitad y ambas son necias.
Según las opiniones, o todo es bueno o todo es malo.
Lo que uno sigue el otro lo persigue.
Es un necio insufrible el que quiere regularlo todo según su criterio.
Las perfecciones no dependen de una sola opinión: los gustos son tantos como los rostros, e igualmente variados.
No hay defecto sin afecto.
No se debe desconfiar porque no agraden las cosas a algunos, pues no faltarán otros que las aprecien.
Ni enorgullezca el aplauso de éstos, pues otros lo condenarán.
La norma de la verdadera satisfacción es la aprobación de los hombres de reputación y que tienen voz y voto en esas materias.
No se vive de un solo criterio ni de una costumbre, ni de un siglo.
Según las opiniones, o todo es bueno o todo es malo.
Lo que uno sigue el otro lo persigue.
Es un necio insufrible el que quiere regularlo todo según su criterio.
Las perfecciones no dependen de una sola opinión: los gustos son tantos como los rostros, e igualmente variados.
No hay defecto sin afecto.
No se debe desconfiar porque no agraden las cosas a algunos, pues no faltarán otros que las aprecien.
Ni enorgullezca el aplauso de éstos, pues otros lo condenarán.
La norma de la verdadera satisfacción es la aprobación de los hombres de reputación y que tienen voz y voto en esas materias.
No se vive de un solo criterio ni de una costumbre, ni de un siglo.