No estar siempre de broma.
La prudencia se conoce en la seriedad, que está más acreditada que el ingenio.
El que siempre está de burlas no es hombre de veras.
A éstos los igualamos con los mentirosos al no creerlos; a los unos por recelo de la mentira, a los otros de su burla.
Nunca se sabe cuándo hablan con juicio, lo que es tanto como no tenerlo. No hay mayor desaire que el continuo donaire.
Otros ganan fama de chistosos y pierden el crédito de prudentes.
Lo jovial debe tener su momento, y la seriedad todos los demás.
La prudencia se conoce en la seriedad, que está más acreditada que el ingenio.
El que siempre está de burlas no es hombre de veras.
A éstos los igualamos con los mentirosos al no creerlos; a los unos por recelo de la mentira, a los otros de su burla.
Nunca se sabe cuándo hablan con juicio, lo que es tanto como no tenerlo. No hay mayor desaire que el continuo donaire.
Otros ganan fama de chistosos y pierden el crédito de prudentes.
Lo jovial debe tener su momento, y la seriedad todos los demás.
Obrar sólo si no hay dudas sobre la prudencia.
La sospecha de desacierto en el que actúa se convierte en evidencia para el que mira y mucho más si fuera un competidor.
Si acaloradamente se adopta, con dudas, una decisión, después, sin pasión, se condenará la necedad manifiesta.
Son peligrosas las acciones en las que duda la prudencia.
Es más seguro no realizarlas.
La prudencia no admite probabilidades.
La sospecha de desacierto en el que actúa se convierte en evidencia para el que mira y mucho más si fuera un competidor.
Si acaloradamente se adopta, con dudas, una decisión, después, sin pasión, se condenará la necedad manifiesta.
Son peligrosas las acciones en las que duda la prudencia.
Es más seguro no realizarlas.
La prudencia no admite probabilidades.