Tener buenas mediaciones.
Nacen de una afortunada prontitud.
Algunos piensan mucho para después equivocarse en todo, mientras otros lo aciertan todo sin pensarlo antes.
Nacen de una afortunada prontitud.
Algunos piensan mucho para después equivocarse en todo, mientras otros lo aciertan todo sin pensarlo antes.
Saber usar evasivas.
Es el recurso de los prudentes.
Con la galantería de un donaire suelen salir del más intrincado laberinto. Con una sonrisa se evita la contienda más difícil.
Cambiar de conversación es una treta cortés para decir que no.
No hay mayor discreción que no darse por enterado.
Es el recurso de los prudentes.
Con la galantería de un donaire suelen salir del más intrincado laberinto. Con una sonrisa se evita la contienda más difícil.
Cambiar de conversación es una treta cortés para decir que no.
No hay mayor discreción que no darse por enterado.
Amplitud en el trato. Hay que procurar que el trato sea elevado. El gran hombre no debe tratar de lo insignificante. Nunca se debe entrar en demasiados pormenores, y menos en las cosas desagradables. Aunque es ventajoso darse cuenta de todo como al descuido, no lo es quererlo averiguar todo con desmesurado interés. Mandar es, en gran parte, no darse por enterado. Hay que dejar pasar la mayoría de las cosas entre familiares, amigos y especialmente entre enemigos.