Ser diligente e inteligente.
La diligencia hace con rapidez lo que la inteligencia ha pensado con calma. La prisa es una pasión de necios: como no descubren el límite, actúan sin reparo.
Por el contrario, los sabios suelen pecar de lentos, pues una mirada atenta obliga a detenerse.
La diligencia hace con rapidez lo que la inteligencia ha pensado con calma. La prisa es una pasión de necios: como no descubren el límite, actúan sin reparo.
Por el contrario, los sabios suelen pecar de lentos, pues una mirada atenta obliga a detenerse.
No rendirse al malhumor.
El gran hombre nunca se sujeta a las variaciones anímicas.
Conocerse es empezar a corregirse.
El gran hombre nunca se sujeta a las variaciones anímicas.
Conocerse es empezar a corregirse.
No servir de recadero.
El mucho uso de lo excelente se convierte en abuso.
Como todos lo desean, al final todos se enfadan.
El que todos lo deseen desemboca en el enfado de todos.
Es un gran defecto no servir para nada, y no menor querer servir para todo. Estos pierden por querer ganar muchas veces, y después son tan odiados como antes fueron deseados.
Se encuentran estos comodines en cualquier género de perfecciones: pierden la inicial consideración de extraordinarias y se desprecian por comunes.
El único remedio de todo lo extremado es guardar equilibrio en el lucimiento.
La perfección debe ser máxima, pero la ostentación moderada.
Cuanto más luce una antorcha, más se consume y menos dura.
Una exhibición limitada se premia con una mayor estima.
El mucho uso de lo excelente se convierte en abuso.
Como todos lo desean, al final todos se enfadan.
El que todos lo deseen desemboca en el enfado de todos.
Es un gran defecto no servir para nada, y no menor querer servir para todo. Estos pierden por querer ganar muchas veces, y después son tan odiados como antes fueron deseados.
Se encuentran estos comodines en cualquier género de perfecciones: pierden la inicial consideración de extraordinarias y se desprecian por comunes.
El único remedio de todo lo extremado es guardar equilibrio en el lucimiento.
La perfección debe ser máxima, pero la ostentación moderada.
Cuanto más luce una antorcha, más se consume y menos dura.
Una exhibición limitada se premia con una mayor estima.