Prevenir los rumores.
La muchedumbre tiene muchas cabezas, y por eso muchos ojos para la malicia y muchas lenguas para el descrédito.
A veces corre por ella un rumor que afea la mejor reputación y si se convierte en una extendida burla acabará con el renombre.
Con frecuencia nace por algún error notorio, por ridículos defectos que son materia adecuada a las murmuraciones.
El hombre prudente debe evitar estos descréditos oponiendo sus dotes de observación a la insolencia vulgar.
Es más fácil prevenir que remediar.
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