Ser diligente e inteligente.
La diligencia hace con rapidez lo que la inteligencia ha pensado con calma. La prisa es una pasión de necios: como no descubren el límite, actúan sin reparo.
Por el contrario, los sabios suelen pecar de lentos, pues una mirada atenta obliga a detenerse.
La diligencia hace con rapidez lo que la inteligencia ha pensado con calma. La prisa es una pasión de necios: como no descubren el límite, actúan sin reparo.
Por el contrario, los sabios suelen pecar de lentos, pues una mirada atenta obliga a detenerse.
No rendirse al malhumor.
El gran hombre nunca se sujeta a las variaciones anímicas.
Conocerse es empezar a corregirse.
El gran hombre nunca se sujeta a las variaciones anímicas.
Conocerse es empezar a corregirse.