De alcalde a verdugo, ved como subo.
Hay más santos que nichos.
Quien te hace fiestas que no te suele hacer, o te quiere engañar, o te hará menester.
Mal se cuece olla que no se remece.
Debajo de una mala capa, puede haber un buen bebedor.
De buena madre buen hijo, y de buena pipa buen vino.
De casa alacrán, sal fuera y que pique donde quiera.
De cielos abajo, cada uno come de su trabajo.
De copiosas cenas están muchas sepulturas llenas; pero de no cenar, muchas más.
En enero, ni galgo lebrero ni halcón perdiguero.
En este mundo redondo quien mal anda mal acaba.
De dinero y bondad, siempre la mitad.
De donde no piensan, salta la liebre.
De ese infierno no salen chispas.
De fuera vendrá quien de casa me echará.
De hombres es errar, y de burros rebuznar.
Deja que el buey mee que descansa.
Del agua mansa no fíes nada.
De la mar el mero y de la tierra el carnero.
Del cuerdo al loco, media muy poco.
Del jefe y del mulo, cuanto más lejos más seguro.
Del monte sale, con que se arde.
De lo que no veas, la mitad sólo creas.
De los cuarenta para arriba no te mojes la barriga.
Del santo me espanto, del pillo, no tanto.
De mala vid, mal sarmiento.
De músico, poeta, y loco, todos tenemos un poco.
Dentro de cien años, todos calvos.
De pico tenía mi abuelo un jarro, se cayó y se quedó chato.
De quien no has tratado, no jures que es hombre honrado.