Da una sola campanada, pero que sea sonada.
Hay más días que sandías.
Quien te altera te controla.
Tómame a cuestas y verás lo que peso.
De aquí a cien años, todos calvos.
Debajo de mi capa, mate al Rey.
De bromas pesadas, veras lamentadas.
De Cantimpalos, no hay chorizos malos.
De chicos es el temer y de grandes el atrever.
De codorniz; de perdiz; de vaca y de urraca.
En enero, el buey y el varon, hacen riñón.
En este mundo jodido el hijo regaña al padre y la mujer al marido.
De dineros y bondad o, calidad, quita siempre la mitad.
De donde no hay no se puede sacar.
De esa manera, mi abuela.
De familia y trastos viejos, pocos y lejos.
De hijos y de bienes tu casa llenes.
Deja la h de ayer para hoy.
De la buena hierba me libre Dios, que de la mala me libro yo.
Del agua mansa me libre Dios, que de la brava me guardaré yo.
De la mano a la boca, se pierde la sopa.
Del cobarde, no se ha escrito nada.
De limpios y tragones están llenos los panteones.
Del mirar nace el desear.
De lo que no cuesta, llena la cesta.
De los burros, la destreza, no radica en la cabeza.
Del que tiene dinero suenan bien hasta los pedos.
De mala sangre, malas morcillas.
De mujer que es madre, nadie nunca mal hable.
De noche y si está la suegra, se ve hasta la leche negra.