A pesar de todo eso, durante el siglo XIX el interés del principal representante del ocultismo estaba muy alejado de lo que fuera en realidad específicamente esotérico.
En efecto, sus obras carecen del sentido de lo sagrado y en general ellas no poseen auténticos niveles teosóficos.
En efecto, sus obras carecen del sentido de lo sagrado y en general ellas no poseen auténticos niveles teosóficos.
Su interés por la ciencia de su tiempo y sus intentos por reconciliarla con el mundo de lo sobrenatural eran bastante esquemáticos y poco imaginativos, siendo imposible caracterizar esos esfuerzos como filosofía de la naturaleza, que equivaldría a la producida por los movimientos románticos.
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