SAN PEDRO DE MERIDA: Con Giuseppe Verdi, autor de veintisiete óperas, se...

En el siglo XIV, fue introducida la música de la escuela franco flamenca merced a los cantores que el Papa trajo consigo de Aviñón.

El arte musical profano halló su vía de expresión en los cantos de carnaval, y en la frottola o barzelletta, el strambotto y la villanella.
Los máximos representantes de la lírica profana fueron Marchetto Cara y Tromboncino.

En 1501, Ottaviano Petrucci inició en Venecia y a gran escala, la impresión de música polifónica.
La música vocal recuperó la claridad y la expresi-vidad con Franchino Gaffurio, quien supo realizar una síntesis de la escritura contrapuntística y la agilidad melódica.

Más adelante, Costanzo Festa consolidó el estilo italiano, que culminó con la extraordinaria produ-cción a cappella de Pierluigi da Palestrina: su obra satisface de modo ejemplar las nuevas directrices del Concilio de Trento, para el cual la música debía ante todo limitarse a avivar la fe y hacer inteligible el texto sagrado.

Palestrina tuvo, en la llamada escuela romana, una serie de seguidores e imitadores como:
G. M. Nanini.
G. Animuccia.
M. A. Ingegneri.

Otra escuela de música religiosa fue la veneciana, que fue impulsada por el flamenco Adrian Willaert, superior a sus coetáneos italianos por el dominio de la técnica del contrapunto.

Fue continuada por Andrea Gabrieli, uno de los grandes madrigalistas del Renacimiento, y por su sobrino y discípulo Giovanni Gabrieli, que al utili-zar simultáneamente los dos coros de que disponía la catedral de San Marco de Venecia, creó en sus composiciones un primer principio de estereofonía musical.

En el campo de la música profana, destacan las canzoni y los madrigales polifónicos, que fueron cultivados por los maestros flamencos activos en Italia y por compositores locales como:
Claudio Merulo.
Luca Marenzio.
Carlo Gesualdo.
Claudio Monteverdi.

En cuanto a los organistas, además de Merulo y de los Gabrieli, destacaron Luzzasco Luzzaschi y G. Cavazzoni.

Del recitativo a la ópera
Parece ser que el recitativo apareció por primera vez en Florencia en los salones de Giovanni Bardi, primero, de Jacopo Corsi después.

El objetivo propio del Renacimiento tardío era revivir la tragedia clásica.
La música debía superponerse a los versos de la tragedia sin impedir la comprensión de los mismos.
Esta exigencia llevó a la creación del recitativo cantado.
El primer ejemplo, Dafne, de Ottavio Rinuccini, con música de Jacopo Peri, fue representada en su forma definitiva en la residencia florentina de los Corsi.

En 1600 se representaron dos versiones de la obra Euridice, una de Peri y otra de Giulio Caccini, ambas sobre el mismo texto de Rinuccini. Mas, para que ésta adquiriese verdadera forma artística, el recitativo, debió de esperar el tratamiento que le otorgó Monteverdi: transformó el recitativo árido y académico de las cameratas de los salones musica-les en un portentoso instrumento lírico dramático, que empezaba a encaminarse hacia un acorde con las exigencias dramáticas del texto.

Los primeros ejemplos de lo que, de la mano de Monteverdi puede ya denominarse drama musical, fueron Orfeo y Arianna.
Con la propagación del nuevo género surgieron una serie de focos operísticos:
Venecia - donde trabajaron Pier Francesco Cavalli y Giovanni Legrenzi.
Roma - con Marco Antonio Cesti, Stefano Landi y Luigi Rossi.
Nápoles - con Francesco Provenzale.
Y, más adelante, Alessandro Scarlatti que fue con-siderado como el verdadero creador de la ópera napolitana.

La influencia de la ópera se extendió rápidamente por toda Europa, y el italiano se convirtió en una lengua internacional para todos los compositores.
El triunfo de la ópera significó también el triunfo de la monodia sobre la polifonía.

En la música religiosa este hecho produjo la apari-ción del oratorio y la cantata en Roma, siendo sus más conspicuos representantes Giacomo Carissimi y Alessandro Stradella.
Mientras tanto, Girolamo Frescobaldi se había re-velado como el más importante creador de la escuela organística italiana.

La música instrumental conoció un florecimiento de formas instrumentales nuevas, como la sonata, el concerto grosso y el concierto con solista, desarro-llado por compositores de gran categoría como:
Arcangelo Corelli.
Antonio Vivaldi.
Tommaso Albinoni.
Giuseppe Torelli.

La primera sinfonía del milanés Giovanni Battista Sammartini, está dividida en cuatro movimientos, que nos señala el nacimiento de una nueva forma.
Los últimos compositores con una importante obra instrumental fueron:
Baldassare Galuppi.
Giovanni Battista Martini.
Luigi Boccherini.

Ópera italiana.
La ópera de estilo italiano fue también cultivada por compositores extranjeros, y el caso de Händel quizá sea el más notable de todos, mientras que entre los compositores autóctonos de ópera podemos citar a:
Nicola Porpora.
Niccolò Jommelli.
Francesco Feo.
Francesco Durante.
Los Bononcini.
Tommaso Traetta.

Mientras la opera seria continuaba representando-se en las cortes europeas, con libretos de temática mitológica y, con la alegoría, muchísimas veces, de los propios príncipes, Nápoles se convirtió en la capital de ópera bufa y semiseria, que se extendió por Europa gracias al arte de Giovanni Battista Pergolesi y al de Giovanni Paisiello y Domenico Cimarosa, así como a los compositores que no eran napolitanos como Antonio Salieri, Giuseppe Sarti o Niccolò Piccinni.

Siguiendo el modelo de Gluck, Luigi Cherubini y Gasparo Spontini iniciaron la italianización de la ópera francesa, mientras que en Viena el valenciano Martín Soler rivalizaba con Mozart, quien citaba un fragmento de la ópera, Una cosa rara, en su Don Giovanni.

La aparición de Gioacchino Rossini llevó a la ópera italiana al mayor grado de influencia.
Continuadores suyos fueron Gaetano Donizetti, Vincenzo Bellini, Saverio Mercadante y Giovanni Pacini, como los representantes del bel canto, que dominó por completo a la música italiana.

Con Giuseppe Verdi, autor de veintisiete óperas, se alcanzó la consumación del teatro musical italiano. Trabajando de acuerdo con las reglas del gusto de su tiempo, fue adquiriendo gradualmente un estilo muy personal que, si bien sea encuadrable dentro del romanticismo, contenía vigorosas pinceladas de realismo escénico. Verdi pudo frenar, además, sin preocupaciones, la influencia alemana, que sólo se dejó sentir en la música instrumental. El postrer destello de la ópera italiana llegó con el verismo, que había sido ya anunciado por compositores como Arrigo Boito y Amilcare Ponchielli, siendo sus dignos representantes Puccini, Giordano, Leonca-vallo, Mascagni y Cilea.
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
Mientras tanto, la recuperación de la música ins-trumental fue encabezada por Giuseppe Martucci, Giovanni Sgambati y Ferruccio Busoni.
Otros compositores que se distinguieron en este campo fueron, Ottorino Respighi, Alfredo Casella, Gian Francesco Malipiero, Ildebrando Pizzetti y Giorgio Federico Ghedini.