Rascahuertos, que ya conocía el juego del ajedrez, fabricó con la navaja y con mucha paciencia un ta-blero para jugar con las fichas que les había dejado el danzarín. Lo forjó de la plancha de la corteza de corcho de un alcornoque.
Cuando se paraban a descansar los dos pordioseros practicaban el apasionado juego y se olvidaban del hambre por la pasión que los dos amigos ponían.
Uno queriendo enseñar y otro queriendo aprender, olvidaban tiempo y lugar sin apercibirse de su pre-caria y urgente necesidad de comer.
En cuanto alguno de los dos amigos habría la caja para jugar, se olvidaba automáticamente el deseo y los estómagos cuando tocaban las fichas se sentían repletos y sin ganas de comer por estar saciados.
Cuando se paraban a descansar los dos pordioseros practicaban el apasionado juego y se olvidaban del hambre por la pasión que los dos amigos ponían.
Uno queriendo enseñar y otro queriendo aprender, olvidaban tiempo y lugar sin apercibirse de su pre-caria y urgente necesidad de comer.
En cuanto alguno de los dos amigos habría la caja para jugar, se olvidaba automáticamente el deseo y los estómagos cuando tocaban las fichas se sentían repletos y sin ganas de comer por estar saciados.
Chupahuesos, viendo la efectividad de la caja y sin tener ganas imperantes de comer se dedicó al buen aprendizaje del ajedrez con el maestro y compañe-ro Rascahuertos todos los días.
Rascahuertos, explicaba los movimientos de cada una de las piezas con paciencia infinita y decía con la sorna habitual de la sana amistad:
-Qué desea aprender vuestra merced hoy:
- ¿La academia del rey?
- ¿El plantel de una reina?
- ¿El ser caballero?
- ¿El saber defender la torre?
- ¿Aprender a manejar un ariete?
- ¿El ser siervo ó soldado?
- ¡Hoy deseo formarme para ser caballero!
Le dijo Chupahuesos.
- ¡Formidable!
-Te lo explicare en tres palabras.
-Escuadra, paleta y compás.
Terminó diciéndole serio, Rascahuertos.
Rascahuertos, explicaba los movimientos de cada una de las piezas con paciencia infinita y decía con la sorna habitual de la sana amistad:
-Qué desea aprender vuestra merced hoy:
- ¿La academia del rey?
- ¿El plantel de una reina?
- ¿El ser caballero?
- ¿El saber defender la torre?
- ¿Aprender a manejar un ariete?
- ¿El ser siervo ó soldado?
- ¡Hoy deseo formarme para ser caballero!
Le dijo Chupahuesos.
- ¡Formidable!
-Te lo explicare en tres palabras.
-Escuadra, paleta y compás.
Terminó diciéndole serio, Rascahuertos.
Capitulo 2
Los ruinosos sótanos de la vieja Abadía acogían y abrigaban los cansados huesos de los vagabundos.
Y cómo los nómadas en el mundo tenían un cierto atisbo de ser vagos y haraganes profesionales, los dos compañeros de escasas fatigas, se regodeaban en largas pausas de contemplación bucólica.
La desenfrenada y súbita pasión por jugar siempre al ajedrez dejaba sin habla y sin tiempo para hacer otra cosa a los dos desarrapados amigos.
Mientras se entretuviesen con las mágicas figuras del precioso ajedrez, el hambre no incomodaría en absoluto a ninguno de los dos.
Era el más preciado don que habían tenido jamás y trataban de conservarlo solamente para ellos.
Los ruinosos sótanos de la vieja Abadía acogían y abrigaban los cansados huesos de los vagabundos.
Y cómo los nómadas en el mundo tenían un cierto atisbo de ser vagos y haraganes profesionales, los dos compañeros de escasas fatigas, se regodeaban en largas pausas de contemplación bucólica.
La desenfrenada y súbita pasión por jugar siempre al ajedrez dejaba sin habla y sin tiempo para hacer otra cosa a los dos desarrapados amigos.
Mientras se entretuviesen con las mágicas figuras del precioso ajedrez, el hambre no incomodaría en absoluto a ninguno de los dos.
Era el más preciado don que habían tenido jamás y trataban de conservarlo solamente para ellos.
La única obligatoria molestia que los dos tenían con este ajedrez mágico, era, que si querían verse satisfechos y hartos no podían dejar de jugar.
En cuanto no tocaban las fichas, el hambre volvía a manifestarse con toda la crudeza de una manera instantánea y brutal.
- ¿Que podemos hacer para neutralizar la fuerza de este maldito juego?
Se lamentaba Chupahuesos.
En cuanto no tocaban las fichas, el hambre volvía a manifestarse con toda la crudeza de una manera instantánea y brutal.
- ¿Que podemos hacer para neutralizar la fuerza de este maldito juego?
Se lamentaba Chupahuesos.