Estaban los dos amigos mirando fijamente como el fuego lo devoraba todo, cuando vieron que desde el mismo centro de las ascuas que lamían la caja y la engullían, surgieron hacía la bóveda del techo dos rayos de una intensa y brillante luz azul, los cuales asemejaban tener vida propia al girar entre la infinidad de columnas que sostenían la bóveda de la cripta con revoloteos y molinetes incesantes. Cuando las paredes sombrías del húmedo sótano se tornando de un brillante azul, apareció delante de Matania y de Rascahuertos la persona que días atrás les había dejado la caja.
Un extraño sentimiento de culpabilidad atenazó a los dos pordioseros de inmediato. Se sentían algo deshonestos por haber quemado el extraño regalo del reconocido y ahora pensaban los dos, que este insólito ser volvía para reprocharles la insensata conducta de quemar el extraordinario juego.
Y no se equivocaba ninguno de los dos amigos, las duras palabras que surgieron de su boca pelaban el aire por la intensa y helada ira que transmitían:
Y no se equivocaba ninguno de los dos amigos, las duras palabras que surgieron de su boca pelaban el aire por la intensa y helada ira que transmitían: