Estaban los dos amigos mirando fijamente como el fuego lo devoraba todo, cuando vieron que desde el mismo centro de las ascuas que lamían la caja y la engullían, surgieron hacía la bóveda del techo dos rayos de una intensa y brillante luz azul, los cuales asemejaban tener vida propia al girar entre la infinidad de columnas que sostenían la bóveda de la cripta con revoloteos y molinetes incesantes. Cuando las paredes sombrías del húmedo sótano se tornando de un brillante azul, apareció delante de Matania y de Rascahuertos la persona que días atrás les había dejado la caja.