SAN PEDRO DE MERIDA: Después de viajar hasta Cabezón en el tren de vía estrecha...

- ¡Habláis de lo Humano, ó de lo Divino!
Dijo enfadado Remigio y añadió:
-El Paraíso del que habla Dios es un jardín terrenal que fue escondido para el hombre cuando pecaron con su carne en contra de la voluntad del Supremo. Ser que no permitía a ningún inmortal la promis-cuidad ni otra fantasía sexual al ser perpetuidades en los parámetros de la vida y en la transformación eterna.

-Por esto el Paraíso fue ocultado y guardado detrás de los cerrojos y de las puertas de los siete jardines del cielo, se guardó por constructores herméticos.

-El Jardín del Edén, es en realidad la divinidad de los seres humanos, y permanece en la Tierra al ser parte y a la vez esencia de la materia inmortal que jamás muere, al tener que transformarse incesante entre eternos latidos de pasión material y de fuego.

-Somos los humanos tan niños y tan valiosos para la vida, que ni siquiera el creador del hombre sería capaz de aniquilar la materia que necesitó para crearlos a su imagen y su semejanza Divina.

-Somos Universo y aunque al morir nuestra carne se vuelva a integrar en la Tierra, de donde procede, no se queda enterrada en la tierra el alma inmortal del hombre. El ser pensante que convive unido al hombre, a lo largo de toda su vida humana, escapa de su cuerpo cuando se muere el movimiento de su carne y camina al resplandor eterno de las estrellas que se nutren de su invisible energía, programando el inmenso acopio oscuro que rodea la eterna masa de cualquier concentración negra que gravite en el mundo de la materia y la antimateria.
Comento Remigio.

-Maestro. ¿Puede un buen masón estar preparado para partir hacía el Universo oscuro?

-Nadie sabe cuando le llega el instante de partir sin un posible retorno a esta vida material que vivimos los seres humanos racionales, y por ello jamás está preparado el hombre para abandonar su cuerpo en este planeta que llamamos tierra. Cuando penetra cualquiera de nosotros en la edad de poder utilizar nuestro cerebro de una forma racional y sabía, ya es tarde para poder retrotraerse de nuestras malas acciones anteriores. Nunca encontrará el hombre el camino justo que lleve a su raciocinio, el estar bien con él mismo. Sea un hombre o sea una mujer, los seres vivos que existen en la infinidad de planetas habitables del Universo material, se depredaran sin compasión unos a otros, sin fronteras de tiempo ni de culturas, más o menos avanzadas técnicamente. El hombre es mortal, y un promiscuo depredador de especies orgánicas vivas porque se alimenta de ellas, como otras se alimentan de nuestros cuerpos cuando muere la carne.

Guardar fraternos la discreción y todo hermetismo natural en nuestra comunidad, que se halla oculto entre nosotros desde el albor histórico del tiempo, y reflexionar ante la barbarie que se aproxima paso a paso sin piedad. Que no podemos evitar nosotros ni nadie, aun cuando hagamos todo lo posible para evitar la desafortunada manera de desequilibrar al planeta y los hombres que lo habitamos.
Que cada uno de nosotros, en su puesto civil, haga lo posible en el matemático instante que tengan la oportunidad para salvaguardar al más trascenden-tal secreto que oculta la masonería.

Capitulo 14
El grupo de caballeros templarios se habían citado a las once en la cafetería Oslo de Torrelavega, para viajar en tren a Cabezón de la Sal, para poder jugar una partida de flor, después de degustar la habitual pitanza de la hermandad fraterna, en el restaurante Saja de esta localidad.

Después de viajar hasta Cabezón en el tren de vía estrecha y de libar los convenientes blancos por las tranquilas y agradables calles del hermoso pueblo cantabro. Los amigos del Temple se encaminaron para degustar lo que les ofrecía este día el Saja, y saborear unido al vino tinto, el bien servido plato que la casa ofrecía a los hambrientos comensales.
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
Como el Maestre presentía, que el juego de la flor era el germen de una superior forma de considerar a los caballeros del Temple de Torrelavega, dejaba que el tiempo resolviera este enigma de rivalidad entre caballeros y amigos.