En todas las corridas de toros bravos debe de estar presente un cirujano experto en las heridas de asta de toro.
Algunos de los más eminentes doctores residían en la capital o en las grandes ciudades y disfrutaron de un sólido y merecido prestigio entre los toreros.
Algunos de los más eminentes doctores residían en la capital o en las grandes ciudades y disfrutaron de un sólido y merecido prestigio entre los toreros.
Recordemos cómo ejemplo entre tantos doctores, a unos pocos como ejemplo de entrega y dedicación:
Máximo García de la Torre y su hijo.
Luis Jiménez Guinea.
Olivé Gumá.
Olivé Millet.
Leal Castaños.
San Sebastián.
Corcóstegui.
Bourio.
Tamames.
Serra.
Val Carrere.
Ramón Vila.
Jordi Olsina.
Pavía.
Máximo García de la Torre y su hijo.
Luis Jiménez Guinea.
Olivé Gumá.
Olivé Millet.
Leal Castaños.
San Sebastián.
Corcóstegui.
Bourio.
Tamames.
Serra.
Val Carrere.
Ramón Vila.
Jordi Olsina.
Pavía.
El artículo 28 del actual reglamento señala, que los equipos médicos para las enfermerías de primera categoría deberán componer el equipo siguiente:
Un cirujano jefe, responsable director del servicio.
Un cirujano ayudante que podrá ejercer las funcio-nes del anterior en ausencias y enfermedades.
Un médico ayudante de mano.
Un médico transfusor.
Un médico anestesiólogo.
Un practicante.
Un mozo de quirófano.
Los equipos en las enfermerías de las plazas de se-gunda clase estarán dotados del mismo personal.
Las enfermerías de las plazas de tercera categoría, tendrán la siguiente plantilla:
Un médico de la localidad, que actuará como jefe de equipo.
Un médico ayudante nombrado por él de entre los residentes en la misma o del pueblo inmediato y en el caso de que no existan más facultativos:
Un practicante.
Una enfermera de la asistencia pública domiciliada de haberla en la población y en el caso de ser varios, lo designará libremente el jefe del equipo.
Muchos seguidores y profesionales han reclamado más atención y un mejor equipamiento médico en las plazas de tercera categoría, máxime cuando las muertes que son más emblemáticas de la mitología taurina perdieron su vida en tres de ellas.
Estos son:
Joselito, que perdió la vida en la plaza de Talavera de la Reina pidiendo:
¡Que venga Mascarell, que me ahogo!
Manolete, que murió en Linares.
Paquirri, cuya gravísima herida en el interior del muslo lo llevó a la muerte en Pozoblanco.
La experiencia de los médicos cirujanos titulares de las plazas de primera y segunda categoría en heridas de aspa de toro son la mejor garantía para los diestros en caso de mala suerte.
Así, a punto de expirar Manolete, llegó a Linares procedente de Madrid el doctor Tamames.
Paquirri tuvo que ser evacuado desde Pozoblanco a Córdoba perdiendo la vida entre las angustiosas curvas y revueltas de la carretera que serpentea el valle de los Pedroches.
La muerte aletea siempre alrededor de la corrida de toros. Las cogidas mortales de Paquirri y del Yiyo, en el intervalo de un año, devolvieron a la fiesta ese sentimiento necesario de necrolatría no sólo de los aficionados sino de las gentes sencillas que siguen de cerca la vida de los famosos.
En consecuencia para atrapar y detener el riesgo hasta donde alcanza la ciencia, están los cirujanos taurinos.
Gracias al eminente Doctor Fleming que inventó la penicilina se ha obtenido un sensible progreso para la recuperación de las heridas de los toreros. Todo esto unido a las modernas técnicas operatorias que han elevado la seguridad en el quirófano.
El equipo médico de la plaza presencia la corrida desde el burladero más próximo y con fácil acceso ha la enfermería según exige el reglamento.
El doctor Olsina Pavía cirujano jefe de la plaza de Barcelona, con treinta años de especialización en heridas de hasta de toro, nos comenta: que desde el burladero que ocupa sigue atento al desarrollo de la corrida y de una forma especial a las cogidas, de manera que cuando llego a la enfermería ya llevo hecho un mapa mental de la región herida y de la trayectoria de la cornada.
La cogida de un torero siempre levanta al público del asiento con un gesto de dolorosa preocupación.
¡Le estaba avisando por el pitón derecho! Grita el aficionado.
En la corrida no sólo hay que buscar la estética de la lidia, sino burlar el riesgo, sortear el peligro y evitar el derrote.
Siendo el cirujano jefe de la plaza de Barcelona el doctor Olivé Millet, que es eminente doctor y un respetado caballero, vio morir en el corto espacio de un año al banderillero Joaquín Camino y al ma-tador portugués José Falcón.
Un cirujano jefe, responsable director del servicio.
Un cirujano ayudante que podrá ejercer las funcio-nes del anterior en ausencias y enfermedades.
Un médico ayudante de mano.
Un médico transfusor.
Un médico anestesiólogo.
Un practicante.
Un mozo de quirófano.
Los equipos en las enfermerías de las plazas de se-gunda clase estarán dotados del mismo personal.
Las enfermerías de las plazas de tercera categoría, tendrán la siguiente plantilla:
Un médico de la localidad, que actuará como jefe de equipo.
Un médico ayudante nombrado por él de entre los residentes en la misma o del pueblo inmediato y en el caso de que no existan más facultativos:
Un practicante.
Una enfermera de la asistencia pública domiciliada de haberla en la población y en el caso de ser varios, lo designará libremente el jefe del equipo.
Muchos seguidores y profesionales han reclamado más atención y un mejor equipamiento médico en las plazas de tercera categoría, máxime cuando las muertes que son más emblemáticas de la mitología taurina perdieron su vida en tres de ellas.
Estos son:
Joselito, que perdió la vida en la plaza de Talavera de la Reina pidiendo:
¡Que venga Mascarell, que me ahogo!
Manolete, que murió en Linares.
Paquirri, cuya gravísima herida en el interior del muslo lo llevó a la muerte en Pozoblanco.
La experiencia de los médicos cirujanos titulares de las plazas de primera y segunda categoría en heridas de aspa de toro son la mejor garantía para los diestros en caso de mala suerte.
Así, a punto de expirar Manolete, llegó a Linares procedente de Madrid el doctor Tamames.
Paquirri tuvo que ser evacuado desde Pozoblanco a Córdoba perdiendo la vida entre las angustiosas curvas y revueltas de la carretera que serpentea el valle de los Pedroches.
La muerte aletea siempre alrededor de la corrida de toros. Las cogidas mortales de Paquirri y del Yiyo, en el intervalo de un año, devolvieron a la fiesta ese sentimiento necesario de necrolatría no sólo de los aficionados sino de las gentes sencillas que siguen de cerca la vida de los famosos.
En consecuencia para atrapar y detener el riesgo hasta donde alcanza la ciencia, están los cirujanos taurinos.
Gracias al eminente Doctor Fleming que inventó la penicilina se ha obtenido un sensible progreso para la recuperación de las heridas de los toreros. Todo esto unido a las modernas técnicas operatorias que han elevado la seguridad en el quirófano.
El equipo médico de la plaza presencia la corrida desde el burladero más próximo y con fácil acceso ha la enfermería según exige el reglamento.
El doctor Olsina Pavía cirujano jefe de la plaza de Barcelona, con treinta años de especialización en heridas de hasta de toro, nos comenta: que desde el burladero que ocupa sigue atento al desarrollo de la corrida y de una forma especial a las cogidas, de manera que cuando llego a la enfermería ya llevo hecho un mapa mental de la región herida y de la trayectoria de la cornada.
La cogida de un torero siempre levanta al público del asiento con un gesto de dolorosa preocupación.
¡Le estaba avisando por el pitón derecho! Grita el aficionado.
En la corrida no sólo hay que buscar la estética de la lidia, sino burlar el riesgo, sortear el peligro y evitar el derrote.
Siendo el cirujano jefe de la plaza de Barcelona el doctor Olivé Millet, que es eminente doctor y un respetado caballero, vio morir en el corto espacio de un año al banderillero Joaquín Camino y al ma-tador portugués José Falcón.