SAN PEDRO DE MERIDA: CONJURO...

DISPOSICIONES
EXONERACIÓN DE LA SAL
Te exorcizo, criatura de sal, por Dios/vivo, por Dios/ verdadero, por Dios/ santo, por el Dios que el profeta Eliseo mando que fueses puesta en el agua para que subsanases la esterilidad del agua; a fin de que te conviertas en sal exorcizada para la salud de los creyentes y seas la sanidad del alma y del cuerpo para todos los que te tomen, y huya y de aleje del lugar que contigo fuese rociado toda fantasía, espectro, maldad o ardid diabólicos, de fraude y todo espíritu inmundo, conjurado por aquel que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Así sea.

ORACIÓN DE LA EXONERACIÓN DE LA SAL
Dios omnipotente y eterno, humildemente un humano con poderes implora tu inmensa clemencia, a fin de que con tu inmensa piedad te dignes ben/decir y santi/ficar esta criatura de sal que diste para uso del genero humano; a fin de que todos los que la tomen sea salud de espíritu y de cuerpo y todo lo que con ella fuese tocado o rociado carezca de toda inmundicia y de toda impugnación de maldad espiritual. Por nuestro señor/ Jesucristo, que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Amen.

EXONERACIÓN DEL AGUA
Te exorcizo, criatura de agua sagrada, en nombre de Dios Padre/ Omni-potente, en nombre de Jesu/cristo su Hijo Señor nuestro y por virtud del Espíritu/Santo: a fin de que te conviertas en agua exorcizada para ahuyentar todo poder del enemigo y para que puedas arrancar y expulsar al mismo enemigo con sus ángeles apostatas; por virtud del mismo señor nuestro Jesucristo, que a de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Así sea.

ORACIÓN DE LA EXONERACIÓN DEL AGUA
Dios, que para la salud del genero humano pusiste la mayor parte de tus sacramentos en la sustancia de las aguas, atiende a tu siervo humano en su invocación y este elemento preparado con las diversas purificaciones, inún-dele la virtud de tu ben/dición a fin de que tu criatura, sirviendo a tus mis-terios, reciba el efecto de tu divina gracia para arrojar los demonios y quitar las enfermedades; para que en cuanto en las casas o en los lugares de los fieles esta agua rociase, perezca toda inmundicia y se libre de todo mal; no resida allí el espíritu de la peste, ni el aura corruptora; se aparten todas las asechanzas del enemigo oculto y si nada hubiese que amenazase la inco-lumidad o el sosiego de sus moradores, huya y se aleje por la aspersión de esta agua; para que la salubridad pedida por medio de la invocación de tu santo nombre se vea libre de toda impugnación.
Se introduce tres veces la sal en el agua, formando una cruz y se dice lo siguiente.
Hágase igualmente la mezcla de la sal y del agua.
En nombre del Pa/dre y del Hi/jo y del Espíritu/Santo.
Así sea.

CONJURO
Dios que otorgaste a tu confesor humano la gracia de expeler los demonios de todo lugar, por los méritos del mismo y por la intercesión de la fuerza del inmenso Universo Celestial y de todos planetas las galaxias y soles del infi-nito concede a este humilde servidor humano el poder de ahuyentar a todos los espíritus de las criaturas humanas.
Te ruego Señor, que por mí intercesión me encomiendes a fin de que por Tú patrimonio consiga lo que por mis méritos no puedo.
Por Cristo que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Amén.
A continuación los enfermos presentes deberán confesar todas sus culpas al exorcista.
Omnipotente y sempiterno Dios, que diste a tus siervos en la confesión de la verdadera fe, a reconocer la gloria de la Trinidad eterna y adorara la Unidad en el poder de tu majestad; te rogamos que en la firmeza de esta misma fe, nos armemos siempre con todas las adversidades.
Por cristo que a de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Amén.
Toda la preparación debe hacerse tantas veces como se empiece el conjuro Después dirigiéndose a los poseídos, se dirá:
Te exor/ciso, (Aquí se pronuncia el nombre del sujeto a curar), en nombre de Dios Padre/Omnipotente, y en nombre de Jesucristo/su Hijo y Señor nuestro y por virtud del Espíritu/Santo para que hagas vaso limpio, santo y purgado de toda mancha de iniquidad, y de todas las enfermedades, maleficios, en-cantamientos, ligaduras y hechuras en tu cuerpo o cerca de él, en tu casa o en cualquier parte hechas, tanto por el Diablo, como por cualquiera de sus miembros, cuyos maleficios todos disuelvo y dispongo que sean disueltos en nombre de la Santísima Trinidad, y te ato a ti, maldito Diablo, a todos tus compañeros y ministros para que jamás tengan la potestad de permanecer en este cuerpo, desde la planta de los pies hasta la cabeza; antes bien, en seguida tengáis que marcharos con todos vuestros maleficios Amén. Así sea.
A continuación el exorcista rociará a la persona posesa con agua bendita, diciendo:
Por la aspersión de esta agua, con el auxilio del todopoderoso Dios, destrú-yanse en ti todos los maleficios del Diablo, y el mismo Satanás salga de tí manifiestamente e infundase en la virtud de hallar tu cuerpo sanado de todo mal. Amén.
Después el exorcista dará a besar un amuleto o una cruz al poseído por el Diablo, diciendo:
He aquí la forma para la curación del cuerpo, del alma y de la salud, huid partes adversas porque hoy a vencido el León de la tribu de Judá, raíz de David. Aleluya.
Si el Demonio se hace sentir de alguna forma y proteste airado, el exorcista le hará callar, increpándole de este modo:
Espíritu inmundo, cualquiera que seas, te ad/juro por dios vivo y verdadero, a ti a todos tus compañeros existentes, asediando y de cualquier modo que fuere vejando a esta criatura de Dios, y en honor de los sagrados misterios de la existencia humana, os mando que no habléis sino lo que sea cierto y pueda redundar en alabanza y gloria de Dios, y que nada digáis contra mí, ni contra los circundantes, y que a esta criatura ni la dañéis en el alma ni la atormentéis en el cuerpo.
Nuevamente os/conjura Egalé y os mando que el mayor de los malos espíritus que hay dentro de vosotros suba a la lengua y me diga, sin falacia, su no-mbre y de que legión sois, la causa por la que vejáis a esta criatura, y el día y la hora de vuestra salida, con señales de la extinción de una luz, (y se-ñalando el exorcista la luz que ha de matar), bajo pena de enviaros al lago de fuego y de azufre.