Edificio iniciado por Abd al-Rahman I y que fue erigido sobre la antigua iglesia visigoda de San Vicente.
Su construcción se inició por los artesanos Árabes en el año 780.
En un principio, se proyectó todo el complejo como un templo de once naves perpendiculares a la Quibla.
Hisam I completó su construcción y erigió un alminar.
Entre los años 833 y 848, Abd al-Rahman II prolongó las once naves por el lado de la Quibla, que estaba situada entonces a la altura de la actual capilla de Villaviciosa.
Entre los años 961 y 968, Al-Hakam II continuó la ampliación por el mismo testero meridional de la Mezquita y añadió la nueva cabecera, además del mihrab y el lucernario.
Por último, Almanzor ensanchó la Mezquita por el lado oriental, añadiendo ocho nuevas naves, de manera que la sala de oración quedó formada por diecinueve naves de gran longitud.
La dedicación de la antigua Mezquita al culto religioso cristiano, después que ser tomada la ciudad de Córdoba por las tropas castellanas, implicó la destrucción total de toda la armonía Islámica en la bella Mezquita, por las grandes modificaciones emprendidas por los fanáticos mandatarios religiosos y políticos Cristianos, como la adaptación del lucernario y la construcción de la capilla real Mudéjar y de la capilla mayor catedralicia entre los años 1523 al 1600.
Lo más grave fue que se eliminó la comunicación de todas las naves con el patio de los Naranjos, dejando abierta solamente la puerta de las Palmas.
La torre de la catedral Cristiana, que engloba al primitivo alminar o minarete Árabe, fue construida entre los años de 1593 al 1664.
La gran belleza de la Mezquita surge desde el interior de lo que queda de la antigua base de culto Islámico, por la sencilla combinación de columnas que procedían en su mayoría de antiguas construcciones y arquerías.
Desde el punto de vista decorativo, sobresalen los arcos lobulados, los mosaicos policromos de los muros, la decoración de las cúpulas, los entrelazamientos y las superposiciones de arcos de diversos tipos, los motivos vegetales y las magníficas bóvedas situadas ante el Mihrab, expresión de la suntuosidad del arte califal.
Su construcción se inició por los artesanos Árabes en el año 780.
En un principio, se proyectó todo el complejo como un templo de once naves perpendiculares a la Quibla.
Hisam I completó su construcción y erigió un alminar.
Entre los años 833 y 848, Abd al-Rahman II prolongó las once naves por el lado de la Quibla, que estaba situada entonces a la altura de la actual capilla de Villaviciosa.
Entre los años 961 y 968, Al-Hakam II continuó la ampliación por el mismo testero meridional de la Mezquita y añadió la nueva cabecera, además del mihrab y el lucernario.
Por último, Almanzor ensanchó la Mezquita por el lado oriental, añadiendo ocho nuevas naves, de manera que la sala de oración quedó formada por diecinueve naves de gran longitud.
La dedicación de la antigua Mezquita al culto religioso cristiano, después que ser tomada la ciudad de Córdoba por las tropas castellanas, implicó la destrucción total de toda la armonía Islámica en la bella Mezquita, por las grandes modificaciones emprendidas por los fanáticos mandatarios religiosos y políticos Cristianos, como la adaptación del lucernario y la construcción de la capilla real Mudéjar y de la capilla mayor catedralicia entre los años 1523 al 1600.
Lo más grave fue que se eliminó la comunicación de todas las naves con el patio de los Naranjos, dejando abierta solamente la puerta de las Palmas.
La torre de la catedral Cristiana, que engloba al primitivo alminar o minarete Árabe, fue construida entre los años de 1593 al 1664.
La gran belleza de la Mezquita surge desde el interior de lo que queda de la antigua base de culto Islámico, por la sencilla combinación de columnas que procedían en su mayoría de antiguas construcciones y arquerías.
Desde el punto de vista decorativo, sobresalen los arcos lobulados, los mosaicos policromos de los muros, la decoración de las cúpulas, los entrelazamientos y las superposiciones de arcos de diversos tipos, los motivos vegetales y las magníficas bóvedas situadas ante el Mihrab, expresión de la suntuosidad del arte califal.