SAN PEDRO DE MERIDA: Honra en primer lugar y venera a los mortales, a cada...

Honra en primer lugar y venera a los mortales, a cada uno de acuerdo a su rango.
Respeta y reverencia a los héroes ilustres y también a los genios subterráneos, porque así cumplirás lo que las leyes mandan.
Honra a tus padres y a tus parientes de sangre.
Y de los demás, hazte amigo del que destaca en virtud.
Cede a las palabras gentiles y no te opongas a los actos provechosos.
No guardes rencor al amigo por una falta leve.
Estas cosas hazlas en la medida de tus fuerzas, pues lo posible se encuentra junto a lo necesario.
Compenétrate en cumplir los preceptos, pero atiende a dominar las necesidades de tu estómago y de tu sueño, después los arranques de tus apetitos y de tu ira.
No cometas nunca una acción vergonzosa, ni con nadie, ni a solas:
Por encima de todo, respétate a ti mismo.
Seguidamente ejércete en practicar la justicia, en palabras y en obras.
Aprende a no comportarte sin razón jamás.
Y sabiendo que morir es la ley fatal para todos, que las riquezas, unas veces te plazca ganarlas y otras te plazca perderlas.
De los sufrimientos que caben a los mortales por divino designio, la parte que a ti corresponde, sopórtala sin indignación; pero es legítimo que le busques remedio en la medida de tus fuerzas; porque son tantas las desgracias que no caen sobre los hombres buenos.
Muchas son las voces, unas indignas, otras nobles, que vienen a herir el oído:
Que no te turben ni tampoco te vuelvas para no oírlas.
Cuando oigas una mentira, sopórtalo con calma.
No entres en asuntos que ignoras, mas aprende lo que es necesario:
Tal es la norma de una vida agradable.
Tampoco descuides tu salud, ten moderación en el comer o el beber, y en la ejercitación del cuerpo.
Por moderación entiende lo que no te haga daño.
Acostúmbrate a una vida sana sin malicia, y guárdate de lo que pueda atraer la envidia.
No seas disipado en tus gastos como hacen los que ignoran lo que es honradez, pero no por ello dejes de ser generoso:
Nada hay mejor que la mesura en todas las cosas.
Haz pues lo que no te dañe, y reflexiona antes de actuar.
Y no dejes que el dulce sueño se apodere de tus lánguidos ojos sin antes haber repasado lo que has hecho en el día:
" ¿En qué he fallado? ¿Qué he hecho? ¿Qué deber he dejado de cumplir?"
Comienza del inicio, recórrelo todo y repróchate los errores y alégrate de los aciertos.
Esto es lo que hay que hacer.
Estas cosas que hay que empeñarse en practicar.
Estas cosas hay que amar.
Por ellas ingresarás en la divina senda de la perfección.
Por quien trasmitió a nuestro entendimiento la fuente de la perenne naturaleza.
Adelante ponte al trabajo, no sin antes rogar a la vida que lo conduzcas a la perfección.
Si observares estas cosas conocerás el orden que reina entre los dioses inmortales y los hombres mortales, en qué se separan las cosas y en qué se unen.
Y sabrás, como es justo, que la naturaleza es una y la misma en todas partes, para que no esperes lo que no hay que esperar, ni nada quede oculto a tus ojos.
Conocerás a los hombres, víctimas de los males que ellos mismos se imponen, ciegos a los bienes que les rodean, que no oyen ni ven:
Son pocos los que saben librarse de la desgracia.
Tal es el destino que estorba el espíritu de los mortales, como cuentas infantiles ruedan de un lado a otro, oprimidos por males innumerables:
Porque sin advertirlo los castiga la discordia, su natural y triste compañera, a la que no hay que provocar, sino cederle el paso y huir de ella.
¡Oh Padre! ¡De cuántos males no librarías a los hombres si tan sólo les hicieras ver a qué males obedecen!
Pero para ti, ten confianza, porque de una divina raza están hechos los seres humanos, y hay también la sagrada naturaleza que les muestra y les descubre todas las cosas.
De todo lo cual, si tomas lo que te pertenece, observarás mis mandamientos, que serán tu remedio, y librarán tu alma de tales males.
Abstente en los alimentos como dijimos, sea para las purificaciones, sea para la liberación del alma, juzga y reflexiona de todas las cosas y de cada una, alzando alto tu mente, que es la mejor de tus guías.
Si cuidas tu cuerpo para volar hasta los libres orbes del Universo, serás un dios inmortal, incorruptible, ya no sujeto a la muerte