SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz)

Entrada al pueblo

No ser intratable.
Las verdaderas fieras están en las ciudades.
Ser inaccesible es vicio de los que se desconocen a sí mismos, los que con los honores cambian los humores.
Enfadar al principio no es camino para la estima.
Para subir al puesto agradaron a todos, y una vez en él se quieren desquitar enfadando a todos.
Por la ocupación deben tratar con muchos, pero por aspereza y arrogancia todos les huyen.
Para éstos el mejor castigo es dejarlos estar, apartando la prudencia junto con el ... (ver texto completo)
Tener buenas mediaciones.
Nacen de una afortunada prontitud.
Algunos piensan mucho para después equivocarse en todo, mientras otros lo aciertan todo sin pensarlo antes.
Saber usar evasivas.
Es el recurso de los prudentes.
Con la galantería de un donaire suelen salir del más intrincado laberinto. Con una sonrisa se evita la contienda más difícil.
Cambiar de conversación es una treta cortés para decir que no.
No hay mayor discreción que no darse por enterado.
No ser de proceder anómalo.
El hombre prudente siempre fue el mismo en todas sus buenas cualidades, que esto habla bien de su inteligencia.
Ser diligente e inteligente.
La diligencia hace con rapidez lo que la inteligencia ha pensado con calma. La prisa es una pasión de necios: como no descubren el límite, actúan sin reparo.
Por el contrario, los sabios suelen pecar de lentos, pues una mirada atenta obliga a detenerse.
No rendirse al malhumor.
El gran hombre nunca se sujeta a las variaciones anímicas.
Conocerse es empezar a corregirse.
Nunca perder la compostura.
La finalidad principal de la prudencia es no perder nunca la compostura. Cualquier exceso de pasiones perjudica a la prudencia.
Uno debe ser tan dueño de sí que ni en la mayor prosperidad ni en la mayor adversidad nadie pueda criticarle por haber perdido la compostura.
Hacer que comprendan.
Es más importante que hacer recordar.
Unas veces hay que recordar y otras aconsejar.
Cuidado para que salgan bien las cosas.
Algunos ponen el objetivo más en una dirección rigurosa que en alcanzar el éxito.
El que vence no necesita dar explicaciones. La mayoría no percibe los detalles del procedimiento, sino los buenos o malos resultados.
Todo lo dora un buen final. La regla es ir contra las reglas cuando no se puede conseguir de otro modo un resultado feliz.
Ser hombre ocioso y observador.
El manda en los objetos y no los objetos en el.
Entiende y valora la esencia de cualquiera con sólo verlo.
Todo lo descubre, advierte, alcanza y comprende
Un gusto excelente.
Se puede cultivar, igual que la inteligencia.
La excelente comprensión de las cosas refina el deseo y después aumenta el placer de conseguirlas.
Huir de los asuntos difíciles y peligrosos.
Es una de las primeras tareas de la prudencia.
Estos asuntos son tentaciones del juicio y es más seguro huirlas que vencerlas.
La excelencia de ser el primero.
Es una gran ventaja ser mano en el juego, pues gana en igualdad de circunstancias.
Algunos prefieren ser primeros en segunda categoría que ser segundos en la primera.
Corregir la antipatía.
Solemos aborrecerla de modo gratuito, incluso antes de conocer las supuestas cualidades.
La cordura debe corregirlo, pues no hay peor descrédito que aborrecer a los mejores.
Contar con buenos colaboradores.
Algunos quieren que su extremada perspicacia dominen sobre las limitaciones de los colaboradores.
Es una peligrosa satisfacción que merece un castigo fatal.
Elevación en lo mejor.
Es una gran singularidad entre la pluralidad de perfecciones.
No puede haber hombre grande que no tenga alguna cualidad sublime. Las medianías no son objeto de aplauso.
Saber adaptarse.
Uno no se debe mostrar igualmente inteligente con todos, ni se deben emplear más fuerzas de las necesarias. Ni derroches de sabiduría ni de méritos.
Tener buenas mediaciones.
Nacen de una afortunada prontitud.
Algunos piensan mucho para después equivocarse en todo, mientras otros lo aciertan todo sin pensarlo antes.
Saber esperar.
Hacerlo demuestra un gran corazón, con más amplitud de sufrimiento. Nunca apresurarse, nunca apasionarse.
Si uno es señor de sí, lo será después de los otros.
La espera prudente sazona los aciertos y madura los secretos pensamientos.
Ser diligente e inteligente.
La diligencia hace con rapidez lo que la inteligencia ha pensado con calma. La prisa es una pasión de necios: como no descubren el límite, actúan sin reparo.
Por el contrario, los sabios suelen pecar de lentos, pues una mirada atenta obliga a detenerse.
Nunca perder la compostura.
La finalidad principal de la prudencia es no perder nunca la compostura. Cualquier exceso de pasiones perjudica a la prudencia.
Uno debe ser tan dueño de sí que ni en la mayor prosperidad ni en la mayor adversidad nadie pueda criticarle por haber perdido la compostura.