SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz)

Entrada al pueblo

Elegir un modelo elevado, más para superarlo que para imitarlo.
Hay ejemplares de grandeza y textos animados por la reputación. Propóngase como modelo, cada uno en su ocupación, a los de más mérito, no tanto para seguirlos como para adelantarlos.
Alejandro lloró, no a Aquiles sepultado, sino a sí mismo cuando aún no había llegado a la fama.
No hay nada que excite más las ambiciones en el ánimo como el clarín de la fama ajena. El mismo que abate la envidia alienta la nobleza.
El arte para vivir mucho es vivir bien.
Dos cosas acaban rápidamente con la vida: la necedad o el vicio.
Unos perdieron la vida por no saberla guardar y otros por no querer hacerlo.
Igual que la virtud es el premio de la virtud, el vicio es el castigo del vicio.
Quien vive deprisa en el vicio, pronto termina de dos maneras: acaba con la vida y con la honra.
Quien vive deprisa en la virtud, nunca muere.
No ser intratable.
Las verdaderas fieras están en las ciudades.
Ser inaccesible es vicio de los que se desconocen a sí mismos, los que con los honores cambian los humores.
Enfadar al principio no es camino para la estima.
Para subir al puesto agradaron a todos, y una vez en él se quieren desquitar enfadando a todos.
Por la ocupación deben tratar con muchos, pero por aspereza y arrogancia todos les huyen.
Para éstos el mejor castigo es dejarlos estar, apartando la prudencia junto con el ... (ver texto completo)
Conocerse a sí mismo.
Conocer el carácter, la inteligencia, las opiniones y las inclinaciones.
No se puede ser dueño de sí si primero no se conoce uno mismo.
Cuando uno se despreocupe de su imagen exterior, debe conservar la interior para enmendarla y mejorarla.
Tiene que conocer las fuerzas de su prudencia y perspicacia para emprender proyectos, comprobar su tesón para vencer el riesgo, tener medido su fondo y su capacidad para todo.
Saber usar evasivas.
Es el recurso de los prudentes.
Con la galantería de un donaire suelen salir del más intrincado laberinto. Con una sonrisa se evita la contienda más difícil.
Cambiar de conversación es una treta cortés para decir que no.
No hay mayor discreción que no darse por enterado.
Amplitud en el trato. Hay que procurar que el trato sea elevado. El gran hombre no debe tratar de lo insignificante. Nunca se debe entrar en demasiados pormenores, y menos en las cosas desagradables. Aunque es ventajoso darse cuenta de todo como al descuido, no lo es quererlo averiguar todo con desmesurado interés. Mandar es, en gran parte, no darse por enterado. Hay que dejar pasar la mayoría de las cosas entre familiares, amigos y especialmente entre enemigos.
Cultura y refinamiento.
El hombre nace bárbaro; debe cultivarse para vencer a la bestia.
La cultura nos hace personas, y más cuanto mayor es la cultura.
Gracias a ella Grecia pudo llamar bárbaro al resto del mundo. La ignorancia es muy tosca.
Nada cultiva más que el saber.
Pero incluso la cultura es grosera sin refinamiento.
No ser de proceder anómalo.
El hombre prudente siempre fue el mismo en todas sus buenas cualidades, que esto habla bien de su inteligencia.
Prevenir los rumores.
La muchedumbre tiene muchas cabezas, y por eso muchos ojos para la malicia y muchas lenguas para el descrédito.
A veces corre por ella un rumor que afea la mejor reputación y si se convierte en una extendida burla acabará con el renombre.
Con frecuencia nace por algún error notorio, por ridículos defectos que son materia adecuada a las murmuraciones.
El hombre prudente debe evitar estos descréditos oponiendo sus dotes de observación a la insolencia vulgar.
Es más fácil prevenir que remediar. ... (ver texto completo)
No rendirse al malhumor.
El gran hombre nunca se sujeta a las variaciones anímicas.
Conocerse es empezar a corregirse.
No servir de recadero.
El mucho uso de lo excelente se convierte en abuso.
Como todos lo desean, al final todos se enfadan.
El que todos lo deseen desemboca en el enfado de todos.
Es un gran defecto no servir para nada, y no menor querer servir para todo. Estos pierden por querer ganar muchas veces, y después son tan odiados como antes fueron deseados.
Se encuentran estos comodines en cualquier género de perfecciones: pierden la inicial consideración de extraordinarias y se desprecian por ... (ver texto completo)
Hacer que comprendan.
Es más importante que hacer recordar.
Unas veces hay que recordar y otras aconsejar.
Saber valerse de los enemigos.
Hay que saber coger todas las cosas no por el filo, para que hieran, sino por la empuñadura, para que defiendan; especialmente la emulación.
Al hombre sabio le son más útiles sus enemigos que al necio sus amigos. Una malevolencia suele allanar montañas de dificultad que la benevolencia no se atrevería a pisar.
A muchos sus enemigos les fabricaron su grandeza.
Es más fiera la lisonja que el odio, pues éste señala defectos que se pueden corregir, pero aquélla ... (ver texto completo)
Permitirse algún desliz venial.
Un descuido suele ser a veces la mejor recomendación de las buenas cualidades. La envidia tiene su ostracismo, tanto más civil cuanto más criminal: acusa a lo muy perfecto de que peca en no pecar, y condena del todo lo que es perfecto en todo. La censura hiere, como el rayo, las más elevadas cualidades.
Cuidado para que salgan bien las cosas.
Algunos ponen el objetivo más en una dirección rigurosa que en alcanzar el éxito.
El que vence no necesita dar explicaciones. La mayoría no percibe los detalles del procedimiento, sino los buenos o malos resultados.
Todo lo dora un buen final. La regla es ir contra las reglas cuando no se puede conseguir de otro modo un resultado feliz.
Nunca apurar ni el mal ni el bien.
Un sabio redujo toda la sabiduría a la moderación en todo.
Apurar el derecho es injusticia, y la naranja que mucho se exprime amarga.
Incluso en el placer nunca se debe llegar a los extremos.
El mismo ingenio se agota si se apura y sacará sangre en lugar de leche quien esquilme como si fuera un tirano.
Un gusto excelente.
Se puede cultivar, igual que la inteligencia.
La excelente comprensión de las cosas refina el deseo y después aumenta el placer de conseguirlas.
Renovar el lucimiento.
La excelencia suele envejecer, y con ella la fama.
La costumbre disminuye la admiración y una novedad mediana suele vencer a la mayor eminencia una vez envejecida.
Hay que renovar el valor, el ingenio, el éxito, todo.
Hay que aventurarse a renovar en brillantez, amaneciendo muchas veces como el sol, cambiando las actividades del lucimiento.
La privación provocará el deseo, y la novedad el aplauso
Tener cautela al informarse.
Se vive más de oídas que de lo que vemos.
Vivimos de la fe ajena.
El oído es la segunda pueda de la verdad y la principal de la mentira.
De ordinario la verdad se ve y excepcionalmente se oye.
Raras veces llega en su puro elemento y menos cuando viene de lejos: siempre trae algo de mezcla de los ánimos por donde ha pasado.
La excelencia de ser el primero.
Es una gran ventaja ser mano en el juego, pues gana en igualdad de circunstancias.
Algunos prefieren ser primeros en segunda categoría que ser segundos en la primera.
Carácter jovial.
Con moderación es una cualidad y no un defecto.
Un grano de gracia todo lo sazona. Los mayores hombres también mueven la pieza del donaire, que atrae la gracia de todo el mundo.
Pero respetando la prudencia y guardando el decoro.
Otros hacen de una gracia el atajo para salir airosamente de un problema, pues hay cosas que se deben tomar en broma, incluso a veces las que el otro toma más en serio.
Indica apacibilidad y es embrujo de los corazones.
Contar con buenos colaboradores.
Algunos quieren que su extremada perspicacia dominen sobre las limitaciones de los colaboradores.
Es una peligrosa satisfacción que merece un castigo fatal.
Comenzar con pies de plomo.
La necedad siempre entra de rondón, pues todos los necios son audaces.
Su misma estupidez, que les impide primero advertir los inconvenientes, después les quita el sentimiento de fracaso.
Pero la Prudencia entra con gran tiento.
Sus batidores son la Observación y la Cautela; ellas van abriendo camino para pasar sin peligro.
Cualquier Acción Irreflexiva está condenada al fracaso por la Discreción, aunque a veces la salva la Suerte.
Conviene ir con cuidado donde ... (ver texto completo)
No estar siempre de broma.
La prudencia se conoce en la seriedad, que está más acreditada que el ingenio.
El que siempre está de burlas no es hombre de veras.
A éstos los igualamos con los mentirosos al no creerlos; a los unos por recelo de la mentira, a los otros de su burla.
Nunca se sabe cuándo hablan con juicio, lo que es tanto como no tenerlo. No hay mayor desaire que el continuo donaire.
Otros ganan fama de chistosos y pierden el crédito de prudentes.
Lo jovial debe tener su momento, ... (ver texto completo)
Saber adaptarse.
Uno no se debe mostrar igualmente inteligente con todos, ni se deben emplear más fuerzas de las necesarias. Ni derroches de sabiduría ni de méritos.
Elegir un modelo elevado, más para superarlo que para imitarlo.
Hay ejemplares de grandeza y textos animados por la reputación. Propóngase como modelo, cada uno en su ocupación, a los de más mérito, no tanto para seguirlos como para adelantarlos.
Alejandro lloró, no a Aquiles sepultado, sino a sí mismo cuando aún no había llegado a la fama.
No hay nada que excite más las ambiciones en el ánimo como el clarín de la fama ajena. El mismo que abate la envidia alienta la nobleza.