La diligencia es la madre de la buena fortuna. La elocuencia vacía es como el ciprés; que es grande y alto pero no produce frutos.
La dignidad no ha perdido, quien tiene un solo marido. La economía es riqueza, como el derroche pobreza.
La desgracia a la puerta vela, y en la primera ocasión, se cuela. Ladrillo sobre ladrillo se construye una casa.
La culpa del asno no se ha de echar a la albarda. La dicción muy elocuente, poco persuade a la gente.
La culpa del asno echarla a la albarda. La desgracia a la puerta vela, y en la primera ocasión, se cuela.
La culebra con certeza, se mata por la cabeza. La del sastre de Campillo, que cosía de balde y ponía el hilo.