SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz)

Entrada al pueblo

Ládreme el perro y no me muerda.
La ensalada, bien salada, poco avinagrada y bien aceitada.
La diligencia nunca se quejo de la fortuna.
La enfermedad y el anciano, siempre de la mano.
La diligencia es la madre de la buena fortuna.
La elocuencia vacía es como el ciprés; que es grande y alto pero no produce frutos.
La dignidad no ha perdido, quien tiene un solo marido.
La economía es riqueza, como el derroche pobreza.
La dieta cura más que el bisturí.
Ladron que roba a ladron, tiene cien años de perdon.
La dicción muy elocuente, poco persuade a la gente.
Ladrón de casa, todo lo arrasa.
La desgracia a la puerta vela, y en la primera ocasión, se cuela.
Ladrillo sobre ladrillo se construye una casa.
La del sastre de Campillo, que cosía de balde y ponía el hilo.
Ládreme el perro y no me muerda.
La de los huevos soy yo, dijo la gallina.
La diligencia nunca se quejo de la fortuna.
La dama más impoluta, si se descuida se vuelve puta.
La diligencia es la madre de la buena fortuna.
La curiosidad mató al gato.
La dignidad no ha perdido, quien tiene un solo marido.
La cuña que más aprieta, palo es de la misma horqueta.
La dieta cura más que el bisturí.
La culpa del asno no se ha de echar a la albarda.
La dicción muy elocuente, poco persuade a la gente.
La culpa del asno echarla a la albarda.
La desgracia a la puerta vela, y en la primera ocasión, se cuela.
La culebra con certeza, se mata por la cabeza.
La del sastre de Campillo, que cosía de balde y ponía el hilo.