El recuerdo de la felicidad ya no es felicidad; el recuerdo del dolor es todavía dolor. No se ha llegado al colmo del dolor cuando se tiene aún fuerza para quejarse.
El hombre se acostumbra fácilmente al dolor. Es nuestra fuerza, por eso vivimos. No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria.
Bien poco enseñó la vida a quien no le enseñó a soportar el dolor. Sólo sanamos de un dolor cuando lo padecemos plenamente
Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor que muchas veces se llora de alegría. La alegría es la pena que se disimula, sobre la tierra no hay más que dolores.
No te rías de las lágrimas de un niño. Todos los dolores son iguales. El verdadero dolor es el que se sufre sin testigos.
Dios se vale muchas veces de los débiles para abatir a los poderosos. El odio virulento y larvado hacia el prójimo es la expresión del dolor de uno mismo.
Cada pueblo tiene la ingenua convicción de ser la mejor ocurrencia de Dios. Uno se acostumbra al dolor igual que a la vejez, a la vida, a una enfermedad, a un sanatorio o a una cárcel.
La conciencia es un soplo del espíritu de Dios, que reside en nosotros. El dolor es para el alma un alimento fecundo.