Igual que vivió murió, toda su puta vida estuvo escoltada por el desasosiego, la sinrazón y la humildad, mucha humildad. Callaba y sonreia, sonreia con la sonrisa que escupe la timidez, con los ojos temblorosos, mirando alternativamente al infinito y al suelo, intentando enfocar un duende que de pronto se apiade de nosotros y nos saque de este maldito apuro que es cruzar dos palabras con alguien que de pronto se ha dirigido a nosotros.
De niño, su falta de centimetros fué motivo de mofa y causa
... (ver texto completo)
Cada vez que apareces no puede dejar de leerte, hoy intento leer entre líneas, quizás busco más de lo que expresas con palabras, pero en esta esquela hay tanta sensibilidad, sentimientos y amor hacía alguien sin nombre, que para mí es el mejor
homenaje, salvando su identidad respetas su intimidad para siempre.
Un abrazo y sigue disfrutando de la
naturaleza que me consta que es tu aliada.