Según informaciones verbales, en los últimos años del siglo IXX y principios del XX, en nuestra
Plaza se hacían corridas de
toros y por alguna oportuna idea de la oligarquía de la época, se decidíó cerrar la
calle y hacer esta pequeña
casa que a ellos les servía de parco y sede para los oportunos festejos. Luego fue el
bar "Ate pa llá" y ahora el kiosko papelería.