Malgasté mi tiempo, ahora el
tiempo me malgasta a mí.
Cada edad tiene sus placeres,
su razón y sus costumbres.
Con la edad he aprendido
a escuchar en vez de acusar.
Cásate con un arqueólogo.
Cuanto más vieja te hagas,
más encantadora te encontrará.
Cuantas más velas tiene nuestro pastel,
menos aliento tenemos para apagarlas.
Una vejez tranquila es la recompensa de una juventud juiciosa.
Cada uno tiene la edad de su corazón.
La única patria que tiene el hombre es la infancia.
Se es viejo cuando se tiene más
alegría por el pasado que por el futuro.
Sólo un loco celebra que cumple años.
Se dan buenos consejos cuando la
edad impide dar malos ejemplos.
Cuando dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa procuro hacerla enseguida.
Cada edad nos da un papel diferente.
En los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz.
Llorar es una virtud que
desgraciadamente se pierde
con la edad.
Vivir es sentir, sin amarguras,
todas las edades, hasta que
llega la muerte.
Los hombres son como los vinos: la edad agria los malos y mejora los buenos.
La madurez es aquella edad en que
uno ya no se deja engañar por sí mismo.
En la boca del viejo todo lo bueno fue, y todo lo malo es.
El entusiasmo es el pan diario de
la juventud. El escepticismo,
el vino diario de la vejez.
Estudia las frases que parecen ciertas y ponlas en duda.
El hombre llega novato a cada edad
de la vida; cada edad tiene
su aprendizaje.
El que duda, piensa.
Malgasté mi tiempo, ahora el
tiempo me malgasta a mí.
Siempre que enseñes, enseña a dudar lo que enseñas.
Con la edad he aprendido
a escuchar en vez de acusar.
Los grandes conocimientos engendran las grandes dudas.
La vejez es la pérdida de la curiosidad.