Abrid escuelas para cerrar prisiones.
Donde hay educación,
no hay distinción de clases.
Juventud, divino tesoro,
te vas para no volver.
Ninguno hay que no pueda
ser maestro de otro en algo.
Cada edad tiene sus placeres,
su razón y sus costumbres.
El hombre instruido lleva
en sí mismo sus riquezas.
Cásate con un arqueólogo.
Cuanto más vieja te hagas,
más encantadora te encontrará.
¡Pobre discípulo el que no deja atrás a su mestro!
Cuantas más velas tiene nuestro pastel,
menos aliento tenemos para apagarlas.
Gracias a la instrucción
hay menos analfabetos y
más imbéciles.
El cerebro no es un
vaso por llenar,
sino una lámpara por encender.
Cada uno tiene la edad de su corazón.
Amargas son las raíces
del estudio, pero los frutos
son dulces.
Se es viejo cuando se tiene más
alegría por el pasado que por el futuro.
Los hombres inteligentes
quieren apender; los demás, enseñar.
Se dan buenos consejos cuando la
edad impide dar malos ejemplos.
Educad a los niños y no será
necesario castigar a los hombres.
Cada edad nos da un papel diferente.
Los que son capaces, crean;
los que no son capaces, enseñan.
Lo que de raíz se aprende
nunca del todo se olvida.
Llorar es una virtud que
desgraciadamente se pierde
con la edad.
El principio de la educación
es predicar con el ejemplo.
Vivir es sentir, sin amarguras,
todas las edades, hasta que
llega la muerte.
La educación es al hombre
lo que el molde al barro:
le da forma.
El entusiasmo es el pan diario de
la juventud. El escepticismo,
el vino diario de la vejez.
Abrid escuelas para cerrar prisiones.
El hombre llega novato a cada edad
de la vida; cada edad tiene
su aprendizaje.
Juventud, divino tesoro,
te vas para no volver.