Pocos hay viejos y dichosos.
La vejez es un tirano que prohíbe bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud.
Envejecer no es nada; lo terrible es seguir sintiéndose joven.
Jamás un hombre es demasiado viejo para recomenzar su vida y no hemos de buscar que lo que fue le impida ser lo que es o lo que será.
¡Si la juventud supiese. ¡Si la vejez pudiese...!
Triste es llegar a la edad en que todas las mujeres agradan y no es posible agradar a ninguna.
Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas.
El joven conoce las reglas, pero el viejo las excepciones.
Nadie abandona el cargo de presidente con el mismo prestigio y respeto que le llevo ahí.
Una vejez tranquila es la recompensa de una juventud juiciosa.
El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan.
En la vejez no se hace más que repetirse.
Es fácil temer, pero penoso; respetar es difícil, pero más dulce.
La vejez nos arrebata lo que hemos heredado y nos da lo que hemos merecido.
Canas argumento son de edad y no de prudencia.
Se dan buenos consejos cuando la edad impide dar malos ejemplos.
El sufrir merece respeto, el someterse es despreciable.
Todos deseamos llegar a viejos, y todos negamos que hemos llegado.
El viejo no puede hacer lo que hace un joven; pero lo que hace es mejor.
La responsabilidad acrecienta el respeto que uno siente por si mismo.
Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, procuro hacerla
enseguida.
Se es viejo cuando se tiene más alegría por el pasado que por el futuro.
Ser humano significa sentirse inferior.
Los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes.
Un hombre nulo es algo horrible. Pero hay otra cosa peor: un hombre anulado.
Pocos hay viejos y dichosos.