Disfrutado -por un día- el mal llamado pecado capital, vicio o pecado de la Gula, no arrepentido dello pero sí disciplinado, saludablemente vuelve uno a su cotidiano proceder de “comer para vivir” que es lo recomendable: mis exacerbadas descripciones sobre la felicidad en el comer y en el beber, que son ciertas en su contexto, no deben confundirse con la forma de vida de uno que, sin ser un asceta, trata de no desbarrar hacia los abrevaderos del engorde que abocan a la degeneración ni a empaparse ... (ver texto completo)