EGOLATRÍA, reedición urgente por un brote de vanidad.
La dignidad es al orgullo como la sinvastatina al colesterol: lo regula hasta conseguir que tengamos y mostremos respeto por sí mismos, sin humillar ni tolerar que nos humillen, que es lo decente. Mientras que el orgullo trabaja el qué dirán, la dignidad tranquiliza la conciencia. El uno, puede emerger del abolengo, el prestigio o el dinero; y la otra -aun pudiendo instalarse en todo ello-, nace del trabajo, la inteligencia y el espíritu. El ... (ver texto completo)
La dignidad es al orgullo como la sinvastatina al colesterol: lo regula hasta conseguir que tengamos y mostremos respeto por sí mismos, sin humillar ni tolerar que nos humillen, que es lo decente. Mientras que el orgullo trabaja el qué dirán, la dignidad tranquiliza la conciencia. El uno, puede emerger del abolengo, el prestigio o el dinero; y la otra -aun pudiendo instalarse en todo ello-, nace del trabajo, la inteligencia y el espíritu. El ... (ver texto completo)
(Aun a sabiendas de que lo escribí en este Foro a comienzos de este año, considero oportuna -por los tiempos que corren- la reedición de esta reflexión como una extensión, o consecuencia, de la que más arriba aparece: así que a ella la adoso).
“LLEVO RAZÓN”, esa creencia que nos pierde.
Si la codicia -ese deseo vehemente de poseer bienes tangibles- es lo que trae la injusticia al mundo, la tan extendida y enfermiza necesidad de tener razón puede anegarlo de infelicidad. Y no nos damos cuenta ... (ver texto completo)
“LLEVO RAZÓN”, esa creencia que nos pierde.
Si la codicia -ese deseo vehemente de poseer bienes tangibles- es lo que trae la injusticia al mundo, la tan extendida y enfermiza necesidad de tener razón puede anegarlo de infelicidad. Y no nos damos cuenta ... (ver texto completo)