Cuando en toda
La Haba se iba la luz, que eran casi todas la
noches de
invierno, solíamos decir: “ha sido general”. Estábamos horas y horas sin luz; y entonces nos embargaba una especie de resignación divina en la que no cabía la rabia, el cabreo, la protesta ni nada que se le pareciera. Así éramos entonces: pacientes, resignados y sumisos; este era el
pueblo tan difícil de gobernar. (Y este pueblo es el que quieren ahora, ¿no?)
Pero hoy, lejos de la política, quería hablaros de los carburos,
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