Has irrumpido con fuerza Miguel, mi más sincera bienvenida, pero esta noche con tus palabras de reconocimiento a un “pequeño, pero gran hombre”, - no es una frase hecha, lo digo de corazón-, que no vino para ser maestro pero que ha dejado esa estela en tantos niños trabajadores de aquella época que después de recoger el algodón, tomates o aceitunas venían a sentarse en un banco de madera delante de una improvisada pizarra en la pared, bien merecen como mínimo un recuerdo tanto al maestro como a los ... (ver texto completo)